8 oct 2009

DISCURSO DE PRESENTACION PROYECTO "CULTURA SOLIDARIA".

JULIO 29 DE 2009

Para comenzar a hablar de una cultura solidaria, debemos dejar de observarla como una utopía irrealizable y empezar a concebirla como una realidad posible, de la cual no sólo depende la construcción de una sociedad más justa y equitativa, sino también, la posibilidad de supervivencia de nuestro planeta asfixiado por los desechos inconmensurables que generamos a través de la producción y el consumismo irracional, no pocas veces alimentado por una idea de felicidad vacía donde se equipara la satisfacción humana a la acumulación de objetos, donde la realización del espíritu humano no se da a través de la relación y la creatividad, sino de la posesión. Como bien medimos nuestra calidad de vida.

El egoísmo, es tal vez el valor humano más practicado en nuestros tiempos, y ha sido el referente sobre el cual se ha fundado la realidad de muchas generaciones. ¿Cómo cambiar un referente tan arraigado en nuestro inconsciente individual y colectivo? ¿Qué acciones debemos emprender?

En medio del egoísmo, hemos naturalizado prácticas tan insolidarias como la discriminación por diferencias étnicas, de sexo, de género, de pensamiento, justificando acciones de muerte. Nos hemos acostumbrado al paisaje urbano de la desigualdad, caracterizado por la opulencia y la miseria extremas conviviendo en la misma calle, transitando por los olores que expiden nuestros cuerpos al desplazarse por la ciudad. Ver seres que buscan entre la basuras algo de comer, se ha naturalizado tanto que nos parece normal… de algún modo hemos vuelto natural el hambre sin pan, en medio de la abundancia de los supermercados, la muerte voraz, la profunda violencia que nos hace vivir con miedos y desconfianzas, hace parte de nuestra vida cotidiana.

Es así como se hace la cultura, haciendo cotidianas prácticas que con el tiempo se convierten en parte del paisaje natural del universo ontológico y material del ser humano. Y para pensar en una Cultura Solidaria, habría que comenzar por poner a volar nuestra imaginación, soñar mucho en tiempos donde los sueños han sido robados por el pragmatismo y la creatividad se convirtió en mercancía. Es necesario hacernos preguntas en el mundo de las respuestas dadas, cuantificables, demostrables y medibles, en el mundo de la incertidumbre existencial, de las felicidades efímeras, del desecho irracional, es necesaria la pregunta, pero sobre todo es urgente la acción.

La acción solidaria, es por principio colectiva y relacional, sus principios parten de la escucha activa y de la reciprocidad, no de la caridad o la lástima como la hemos conceptuado desde el paradigma del egoísmo, donde pensamos en el otro como incapaz limitándole la posibilidad de esforzarse por transformar su propia realidad, castrando la oportunidad de su realización espiritual a través de la acción misma de cambio, porque los seres humanos somos ante todo, pequeños mutantes desde que nacemos hasta que morimos y somos mutantes sociales, colectivos por naturaleza. Nuestra especie no sobreviviría en el planeta sino fuera por la acción solidaria entre la misma especie y con la naturaleza, tenemos un nivel de interdependencia tal, que es absolutamente ilógico y mortal actuar bajo paradigmas que fomenten el egoísmo como principio de la vida en comunidad y de la satisfacción de nuestras necesidades, donde nos dejamos de ver como seres que se necesitan, para observarnos unos/as a otros/as como competidores/as o lobos, donde nos relacionamos desde la desconfianza y no desde la posibilidad de sentirnos reconocidos/as y amados/as.

En los tiempos donde todo tiene que traer ganancias cuantificables, medibles, demostrables, perdimos la noción del valor del afecto, de la acción solidaria y colectiva para el bienestar común, de la belleza como principio de la vida cotidiana. Si algo tiene que ser la Cultura Solidaria, es estética, profundamente estética, hacer de la belleza, de la creación, el diario vivir.

El fomentar el pensamiento y la acción solidaria, significa pensar en múltiples dimensiones de la existencia: nuestra esencia trascendental, emocional, afectiva y nuestra realidad material. Reconociendo que la economía es el ámbito donde proveemos nuestras necesidades materiales, y donde materializamos nuestra esencia trascendental u ontológica. Es en éste campo donde podemos observar claramente la materialización de nuestros valores, el tipo de humanidad que somos, un campo donde está en juego la supervivencia individual y colectiva. Donde medimos la calidad de vida y observamos el desarrollo de una sociedad.
En el álgido punto, donde se interceptan el pensamiento y la acción cotidiana, se une la cultura y la economía solidaria para hacer realidad el bienestar colectivo desde la redistribución equitativa de la riqueza, generada ésta a partir del trabajo realizado de forma asociada. Toda forma económica solidaria tiene por principio fundamentarse en prácticas democráticas participativas.

La ciudad, hoy tiene la deuda de ser más bella, pero más allá de las paredes o el asfalto, nos debemos la belleza de una vida cotidiana basada en el pensamiento y la acción de prácticas solidarias, creativas y potenciadoras del bienestar común y del talento humano. Hacer una ciudad más bella desde la vida cotidiana de sus habitantes es una deuda histórica con nosotros y nosotras mismas. Por ello es urgente pensar que en Medellín se hace necesaria una política pública que fomente el pensamiento y acción solidaria, desde la economía como eje articulador entre lo material y lo trascendental del ser humano.


LINA MARIA MEJIA CORREA
Antropóloga UdeA
Coordinadora Proyecto de Cultura SolidariA.

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